05/09/2018 AdministradorCEC_Des

Adictos a la Felicidad

Por Mariano

Intensa-Mente una de las películas más recordadas del 2015. La mayaría la ha visto al menos una vez y si no, estoy seguro que en su momento se cansaron de ver Facebook repleto de imágenes del filme.

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Un excelente trabajo de animación que simplifica temas complejos de psicología con muchísima creatividad. Pero, ¿qué pasa cuando cambiamos un poco nuestro enfoque y analizamos la película de diferente manera?

En los últimos meses, me encontrado con distintos artículos en la web que decidieron hacer lo mismo que yo, llegando a conclusiones en mi opinión exageradas que incluso acusan a la película de ser una crítica al capitalismo moderno. Sin embargo, todos concordaban en un punto: Alegría es el verdadero villano en la historia.

En lo particular me hizo sentido, la manera más simple de analizar la historia es verla como el viaje de Alegría por el subconsciente de Riley para recuperar un importante recuerdo antes de que esto cause un trauma irreparable a la pequeña. Visto de otro modo, sin embargo, ¿acaso no es Alegría la culpable que se perdiera el recuerdo en primer lugar? y no sólo eso ¿acaso no es Alegría la causa de cada uno de los problemas que se presentan a lo largo de la historia?

Podría escribir un libro entero analizando Intensa-Mente desde ese punto de vista, pero ese no era mi objetivo al escribir este artículo. Lo que en verdad quería transmitirles es como mediante este ejercicio pude ver reflejado un mal que afecta gravemente a nuestro entorno laboral y social en la actualidad; Nos hemos vuelto adictos a la felicidad.

Y no a la buena felicidad, si no a esa felicidad efímera que con tanta desesperación buscamos regada en nuestro entorno. Cuantas veces no hemos escuchado de aquellas empresas que ofrecen innovadores programas de bienestar y mejoramiento de calidad de vida:

“Entre nuestras instalaciones contamos con una sala de descanso”.

“Tres comidas perfectamente balanceadas en nuestra cafetería completamente gratis para cada colaborador”.

“Deporte y espacios para practicarlo”.

Por supuesto que esto no es algo malo, al contrario, hasta cierto punto me parece que es el rumbo a seguir para la administración del capital humano; no obstante, también considero que estas prácticas la mayoría de las ocasiones están impidiendo a las personas alcanzar sus verdaderos objetivos. Estas prestaciones rápidamente se transforman en justificaciones:

“No importa que tan desgastante sea mi jornada; porque tengo una habitación llena de juegos para relajarme en cualquier momento”.

“No tengo porqué regresar a casa; porque puedo desayunar, comer y cenar aquí”.

“Qué importa que pase 8 horas al día sentado frente a la computadora; porque voy 30 minutos a nuestro gimnasio”

Es entonces cuando nos preguntamos cosas verdaderamente atemorizantes ¿Por qué no soy feliz? ¿Por qué mis colaboradores no son felices? Y lo más preocupante es que no podamos responderlas aun cuando pertenecemos a una empresa que ofrece las mejores condiciones en el mercado.

El problema no está necesariamente en nosotros simplemente es la forma en que la sociedad nos ha programado, hace de la felicidad una droga. El mundo te necesita feliz y no se cansa de decírtelo “cómprame y sé feliz, úsame y sé feliz, conóceme y sé feliz”, es natural que las empresas sigan el mismo patrón y vendan a sus trabajadores felicidad.

Como nos lo enseña Intensa-Mente la felicidad va más allá de eso, la felicidad realmente es armonía. La empresa que verdaderamente adopta una filosofía enfocada en las personas no sólo busca dar a sus colaboradores prestaciones que satisfagan momentáneamente esa adicción; el enfoque en las personas entiende a cada colaborador y a ese millar de emociones que habitan en su cabeza, ayudándolo a encontrar un propósito que le permita ponerlas a trabajar juntas para alcanzarlo. Una empresa que se enfoca en las personas no se limita a darle diez razones del por qué trabajar a sus colaboradores, una empresa así entiende que lo más importante es ayudarlos a encontrar un sólo para qué.

Finalmente, los invito a que reflexionen y se hagan la siguiente pregunta:

¿Para qué estoy trabajando cada día?

Pero antes de responderla recuerden que la verdadera felicidad viene de adentro hacia afuera y no viceversa.

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